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Sexo desenfrenado con mi vecina de arriba

Publicado por admin en noviembre 12, 2017
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Me mudé a aquella a habitación para estar más cerca de mi universidad. Vivía relativamente lejos y necesitaba un sitio que me permitiera estar más cómoda pues ya había pasado mucho trabajo. Al llegar a aquella nueva estancia me recibió una muchacha muy amena, se veía realmente tierna y gentil. Aunque no debo disimularlo, era bastante guapa.

Tenía una estatura baja, piel blanca, ojos acaramelados y el pelo lo tenía pintado de un blanco platinado que le sentaba muy bien. Me recibió con una agradable sonrisa e, inclusive, me ayudó con el equipaje que traía. Me dio un recorrido por todo el edificio, me dijo cuáles eran los vecinos de confiar y a cuáles había que tenerles cuidado. Yo le presté mucha atención. Por último me llevó a mi cuarto y me dijo cómo estaba distribuida cada parte del apartamento.

Yo le mostré todo mi agradecimiento y le dije que podía contar conmigo para cualquier cosa. Ella rio y me dijo que vivía en el piso de arriba. Me contentó que estuviese cerca de mí, así podría contar con alguien si algo pasaba. Por último, me dijo que se llama Isabel, me abrazó y se retiró a su piso.

Yo quedé pensativa por un momento y luego me puse a ordenar aquella habitación. Doblé la ropa, puse las sábanas nuevas en la cama y le busqué lugar a unos pocos libros que traía conmigo. Luego fui a por la televisión que había dejado en el coche, también había traído mi DVD ya que no podía vivir sin él.

Al cabo de un rato ya se había hecho de noche y me fui a bañar, el agua estaba sumamente tibia e hizo que mi cuerpo se relajara en su totalidad. Me puse mi pijama y, cuando me disponía a dormir, tocaron la puerta con algo de desesperación, como nadie salió a abrir me tocó a mí hacer aquél trabajo.

Sexo lésbico con mi vecina de Valencia

Cuando abrí quedé totalmente pasmada, Isabel estaba llorando y me preguntó si podía pasar. No dudé en ningún momento, ella entró y yo la llevé a mi cuarto. Allí me confesó que había tenido una pelea horrible con su novio y que por eso estaba tan dolida. Le mencioné que no se preocupara, que veríamos una película y que le traería un helado. Así pues, puse una película cualquiera y le serví un poco de helado de chocolate.

Una vez en el cuarto, ella se recostó sobre mi hombro, aunque me pareció extraño no me disgustó en lo absoluto. Luego, un poco más tarde rozó mi mano, yo pensé que era un accidente pero nuevamente, al poco tiempo, lo volvió a hacer. Me sentí un tanto nerviosa pero no lo demostré. De repente, ella besó mi cuello y yo sentí un escalofrío terrible recorrer todo mi cuerpo.

Isabel comenzó a acariciar de a poco mi oreja y debo confesar que aquello me produjo excitación. Mis piernas desfallecieron. A medida que me besaba comenzó a introducir poco a poco su lengua en mi oído. Su tibia saliva hizo que mi vagina se mojará por completo, me retorcí un poco y contraje mis piernas. Isabel se colocó encima de mí y empezó a besarme sin parar, juntó su lengua con la mía y al mismo tiempo comenzó a quitarme los pantalones.

Para mi alivio aquella prenda era corta y salió con facilidad, introdujo dos dedos en mi vagina y comenzó a penetrarme con ellos suavemente, después los sacó, los lamió y los introdujo en mi culo. Me espanté un poco pero la excitación hizo que olvidará todo por completo. Isabel bajó a mi coño y empezó a lamerlo a medida que metía los dedos en mi ano. Aquella sensación era indescriptible, yo mientras tanto me quité la camiseta y me apretujaba las tetas.

Estaba llena de locura y esos dedos en el culo me tenían loca. Luego ella me giró y me puso a cuatro patas, alzó mi cintura y mi trasero quedó hacia arriba. Como loca se abalanzó sobre mí e introdujo su lengua en mi vagina al mismo tiempo que volvía a follarme el culo con sus dedos. Después, dejó de chuparme el clítoris y empezó a pasar su lengua por mi ano a medida que frotaba mi coño. Yo gemía sin parar y le pedía que me metiera sus dedos en la vagina.

Ella lo hizo de inmediato, y comenzó a masturbarme de una manera increíble. Yo tenía lubricado todo mi cuerpo, la cama estaba mojada por todos lados. Isabel, pasado un tiempo, me puso bocarriba e hicimos el 69. ¡Qué experiencia! Ella tenía un culo perfecto y como loca empecé a chupar su vagina, pasaba mi lengua por su clítoris y luego lamía su culo. Cada vez mi lengua se movía más y más rápido. Estaba llegando al clímax.

Isabel introdujo dos dedos en mi vagina y dos dedos en mi ano y al mismo tiempo pasaba su lengua rápidamente por mi clítoris. Aquello me hizo caer por completo y aunque le gritaba que no quería venirme ella no se detenía por nada del mundo. Seguía penetrándome y lamiéndome con más y más arrebato hasta que ya no aguanté y me corrí por completo. Todo mi cuerpo se estremeció, cada parte de mí se contrajo, mi vulva estaba a punto de explotar. Isabel suspiraba sin parar, se había corrido conmigo y al notar aquello yo introduje aún más profundo mis dedos en su coño, ella gritó y cayó rendida de largo a lago sobre mí.

Las dos estábamos demasiado extasiadas, agobiadas por el sexo que habíamos tenido. No podíamos ni siquiera levantarnos de la cama. Mientras tanto, Isabel me lamía las piernas y yo me introduje uno de los pequeños dedos de su pie en mi boca. También apretaba con violencia su trasero y ella aún se retorcía de placer.

Ahí quedamos las dos, totalmente tendidas en la cama. Sólo esperábamos recobrar un poco las fuerzas para volver de nuevo a cogernos sin parar.

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