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Sexo con la amiga de mi madre

Publicado por admin en noviembre 19, 2017
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Era una tarde terrible, estaba sumamente aburrida. No sabía qué hacer con mi vida, en casa todo estaba hecho y no había ningún tipo de tarea pendiente, en la televisión no pasaban nada bueno y ni siquiera podía salir porque estaba lloviendo. Al cabo de un tiempo me quedé dormida en el sofá del comedor.

Estaba en un sueño profundo cuando un pequeño ruido me despertó, era mi madre que estaba abriendo la puerta de la casa, no le presté mucha atención pero cuando la oí hablar con otra persona me levanté rápidamente. Estaba conversando con otra mujer, así que imaginé que se trataría de una amiga de ella.

Salí corriendo al baño y me encerré, abrí la llave del grifo y comencé a lavar mi cara y mi cepillé los dientes. No quería salir del lavado porque en realidad no deseaba hablar con nadie, no tenía humor para ello. De igual forma, no me quedaba más remedio, respiré profundo y salté a hacerle frente a la situación.

Una vez fuera camine por el pasillo y estando en la sala me encontré con una grata sorpresa. Mi madre no estaba con cualquiera, se trataba de su gran amiga Míriam. Era una mujer de unos cuarenta y tres años, estatura mediana, piel morena, ojos negros y un cuerpo demasiado voluptuoso. De niña yo soñaba con ser como ella, inclusive recuerdo que en cierto momento de mi adolescencia tuve unas cuantas fantasías con Míriam, imaginaba como esta me chupaba todo el coño de arriba abajo sin parar hasta que yo me venía en toda su lengua.

Aquella mujer me vio y no dudó en levantarse del asiento, me saludó con mucha alegría y me dijo que ya era toda una mujer. Yo me encontraba un poco ruborizada, Míriam aún me seguía excitando y en ciertas ocasiones no podía dejar de admirarle y envidiarle aquél par de tetas enormes y bellas.

La mujer se volvió a sentar y yo me coloqué frente a ella, de una vez hicimos contacto. En un parpadeo la mirada de Míriam había cambiado y ahora, cuando me observaba, sus ojos destilaban un brillo obsceno y analizaba toda mi figura a lo largo y ancho. Yo también hacía lo mismo para que no se confundiera y comprendiera que yo también la deseaba.

Aquella mujer entreabrió sus piernas y me dejó ver parte de su vagina puesto que no llevaba nada de ropa interior y cargaba una falda bien ajustada. Al ver aquél delicioso coño empecé a mojarme pero tuve que contener la excitación porque mi madre no paraba de hablar de todo el mundo.

Estaba empezando a estresarme y no sabía que excusa inventar para librarnos de mi madre por un rato. Por suerte, no fue necesario que creara algún tipo de cuento raro. Mi madre simplemente dijo que iba a por un paquete a un almacén que quedaba a las afueras de la ciudad. Eso para mí fue como una revelación, empecé a sentirme nerviosa y ansiosa.

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Mi mamá invitó a Míriam pero esta le dijo que tenía que hacer unas llamadas importantes a un cliente del trabajo y que no podía acompañarla. Yo, mientras tanto, me oculté en la mentira de que tenía sueño y que iría a dormir ya. Sin titubear mucho mi madre agarró las llaves y se marchó.

No pasó ni un segundo cuando ya Míriam estaba sobre mí. Comenzó a besarme el cuello de manera lujuriosa y yo, mientras tanto, metía mis dedos en mi vagina para excitarme. Le dije a Míriam que era una zorra y esto nos estimuló a ambas. Nos fuimos a mi cuarto y ya dentro de él, la amiga de mi madre me arrancó toda mi ropa y me tiró en la cama, se echó sobre mí, me escupió el coño, sacó toda su lengua y comenzó a lamerme el chocho y el culo al mismo tiempo.

Metió sus manos en mi boca y yo lamia sus dedos repleta de pasión. Míriam, sin pensarlo, unió su vagina con la mía y empezamos a frotarnos mutuamente. Que delicia, yo sentía todo lo húmedo que estaba el chocho de ella y esto me excitó demasiado. Empecé a apretar mis pezones erectos y comencé a sacar la lengua para lamer las piernas de Míriam.

Ambas gemíamos de tanto placer y nos arqueábamos más y más para poder frotar nuestros coños de largo a largo. Luego, en un arrebato de desesperación, me eché sobre Míriam y comencé a chupar sus tetas, pasaba mi lengua alrededor de su aureola mientras ella me veía y gemía. Míriam estiró su mano derecha y empezó a penetrarme con sus dedos, el sabor de aquellos senos y sentir los dedos de esa mujer penetrándome el coño una y otra vez no tiene comparación alguna.

Luego hicimos el 69 y comenzamos a lamer nuestros clítoris mutuamente, lo hacíamos rápido, la preocupación de que llegara mi madre en cualquier momento lo hacía todo más excitante. Lamiamos rápido y sin parar y conjuntamente emitamos pequeños gemidos de placer puro. Aquella mujer sabía lo que hacía, su lengua en mi clítoris era una bomba y conocía cómo tratarme a la perfección.

Me encontraba totalmente húmeda y sensible a todo lo que me hacía Míriam. Pasaba su lengua a lo largo y ancho de mi chocho, luego la metía dentro, me penetraba con ella y después lamía mi clítoris en línea recta y de forma circular. Traté de contenerme pero no pude aguantarlo más, me corrí con demasiada fuerza y emití un grito de excitación sin igual.

Mientras me corría Míriam introdujo un par de dedos en todo lo profundo de mi vagina y comenzó a frotar las paredes del coño; ahí me vine por segunda vez y quedé en un estado de excitación plena. Al cabo de un rato caí en la cama totalmente frenética y absolutamente todo el colchón había quedado húmedo.

Escuchamos que abrían la puerta y Míriam, como un rayo, se visitó y se fue a hablar con mi madre como si nada de esto hubiese pasado entre nosotras.

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