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En el restaurante: Sexo en lugares inusuales, la excitación de la experiencia nueva

Publicado por admin en octubre 7, 2017
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Mi novio y yo ya estábamos un poco cansados del sexo convencional. No queríamos que nuestra relación se convirtiera en algo monótono. Aunque no hay que confundir las cosas, amábamos siempre tener sexo cada vez que podíamos pero para nosotros era un crimen hacer de esta pasión algo normal y común de nuestras vidas. Hacer que perdiera todo el encanto y la lujuria que provoca en las parejas.

Una noche pensamos seriamente en cómo avivar nuestra pasión de una manera que no fuese tan convencional. No queríamos entrar en un conjunto de clichés tontos como es el caso de las rosas, las velas, perfumes aromáticos y esas cosas. Queríamos acción y estábamos ansiosos de experimentar cosas nuevas que nos excitaran más y más.

De esta manera, mientras conversábamos en medio del almuerzo mi amado me preguntó que qué tal me parecía la idea de que follásemos en un restaurante. Ya sabes, toda esa emoción de estar en un sitio con mucha gente y hacer el amor con la presión en los hombros de ser descubiertos y de meternos en un problema serio.

Al principio la propuesta me pareció un poco infantil; algo que tan sólo harían un par de adolescentes. Pero, quizá, eso era lo que nosotros necesitábamos, comportarnos como unos niños alocados por follar en cualquier lugar. Así que, después de meditar la propuesta por un corto tiempo, le dije que me parecía bien y que estaba dispuesta a que folláramos en el restaurante que mejor le pareciera.

Él se mostró entusiasmado y mencionó que tenía todo planeado. Iríamos esa misma noche a un restaurante de comida francesa que estaba de moda, era un lugar lindo, no sumamente lujoso pero sí agradable y pasional. Me entusiasme mucho con tener sexo en aquél lugar así que hice todos los preparativos para que nada saliera mal.

Caída la tarde fui a bañarme y perfumé todo mi cuerpo, dejé mi vagina lista para ser penetrada una y otra vez. Lucía radiante y ya sentía su deseo por sentir el miembro de mi novio dentro de ella. Me coloqué un vestido negro, sencillo y sin nada de ropa interior, por supuesto. Él estaba muy apuesto, tenía una camisa azul manga larga y un pantalón gris; los colores le sentaban muy bien.

Así pues, nos dispusimos marcharnos al restaurante y debo admitir que me sentía un poco nerviosa y animada. Estaba medianamente fría a causa de los nervios. Una vez en el restaurante, no tuvimos problema alguno para elegir un puesto. Decidimos escoger una pequeña mesa que se encontraba en un rincón y que parecía pasar desapercibida por los comensales.

Nos sentamos y pedimos la carta, tan sólo ordenamos vino para empezar. Una vez que el camarero se retiró, me acerque a mi amado y le dije, suavemente, que no llevaba ropa interior. Esto hizo que se acercara aún más a mí, me rodeo con su brazo izquierdo mientras que con su mano derecha me tocaba tiernamente las rodillas y las piernas. Lentamente me acariciaba mi entrepierna y poco a poco se fue acercando a mi coño. Frotaba con dulzura mi clítoris, lo mecía de arriba abajo, con mucha lentitud.

Me puse húmeda en seguida, él lo notó e introdujo su dedo medio en mi vagina mientras que con su dedo pulgar no dejaba de acariciar mi clítoris. Cerré mis ojos y le di rienda suelta a mi pasión. Luego, con su mano izquierda, comenzó a apretujar mis senos, después me metió un dedo más en el coño y esto hizo que emitiera un pequeño gemido.

Abrí mis ojos, y contemple que las personas en el restaurante no habían percatado nada de lo que hacíamos. Así que, sin pena alguna, me incline sobre sus piernas y abrí la cremallera de su pantalón. De inmediato saltó su pene totalmente parado, estaba latente y tibio. Me lo llevé a la boca y comencé a mamar aquella polla poco a poco. Sólo chupaba su punta y la succionaba un poco, luego me lo metía todo en mi garganta y sacaba mi lengua para tratar de acariciar sus huevos.

Noté cómo él se arqueaba un poco a causa del placer, esto hizo que me tragara toda su polla y que la llenara en su totalidad de saliva. Luego, empecé a masturbar su pene mientras le lamía cada uno de sus testículos. Después me metí aquellas bolas en mi boca y las mamaba de a poco. Mientras tanto yo seguía haciéndole una buena paja, quería tragarme toda su leche.

Follando en un baño público del restaurante

Mi novio no dejaba de penetrar mi coño con sus dedos, yo estaba tan húmeda que el asiento ya se encontraba un poco resbaladizo. De repente, mi amado me levantó y cerró su cremallera. Sin decir nada se levantó y se fue al baño. Yo entendí la indirecta inmediatamente, al cabo de unos pocos segundos me alcé y le seguí los pasos. Él me esperaba metido dentro de un cubículo del baño y allí nos encerramos los dos. De inmediato me tomó y me subió el vestido hasta la espalda, me recostó a la pared, me volteó y me introdujo su miembro hasta el fondo de mi coño.

Yo grité de placer y él comenzó a penetrarme sin parar, me sujetaba fuertemente las tetas, y yo me agitaba como loca para meter toda su polla en mi vagina. Me penetraba de manera salvaje, eso me excitaba aún más. Sentí como sus testículos chocaban con mi vagina y se los agarré y comencé a apretárselos. De inmediato se excitó más y más hasta el punto que no podía dejar de penetrarme.

Le dije que quería tragarmelo todo, que quería su leche en mi cara. Entonces me sacó la polla de inmediato y yo me arrodillé. Empecé a chupar sus huevos nuevamente mientras él se masturbaba en toda mi cara. Vi cuando cerró los ojos y supe que llenaría mi rostro de semen. Yo no me desprendía de sus testículos, él me tomó por la frente y mientras agitaba su falo yo me puse a frotar rápidamente mi clítoris.

De su pene salió una cantidad inmensa de leche, la mayor parte me cayó en la frente y en las mejillas, saqué mi lengua para tragarme un poco de aquél semen y cuando sentí el tibio liquidó recorrer mi garganta me excité tanto que me tiré en el piso y me corrí por completo. Me encorvé en el piso de aquél baño y mis manos quedaron totalmente llenas del líquido que brotaba de mi vagina.

Cuando abrí mis ojos, mi amado se encontraba de pie y me miraba con excitación. Él tan sólo me preguntó que si me había gustado y los dos nos echamos a reír.

En el restaurante: Sexo en lugares inusuales, la excitación de la experiencia nueva
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Un comentario en “En el restaurante: Sexo en lugares inusuales, la excitación de la experiencia nueva

  • marisa
    en octubre 10, 2017

    Me ha encantado la história, a mi me pasó algo parecido

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